Desde la civilización egipcia, la miel ha sido uno de los suplementos alimenticios más solicitados y con mayor valor nutritivo. Aún hoy en día se siguen investigando las aportaciones que este dulce manjar puede aportar al ser humano, a pesar de no ser pocas las que ya se conocen.

A juzgar por la dulzura de este alimento, su contenido equilibrado tanto en fructosa como en glucosa benefician su capacidad para hacerlo.

Tras el consumo de miel, la glucosa es captada por el hígado para la formación de glucógeno, ya que la fructosa permite su absorción con facilidad.

Dicho glucógeno es beneficioso para el cerebro, el corazón, los riñones y las células rojas de la sangre.

Además, mejora el funcionamiento de los órganos y tejido esenciales del cuerpo, eliminando la propia glucosa de la sangre, proporcionando una sangre con un bajo contenido de ésta, facilitando la circulación.

Numerosos estudios han certificado dicha funcionalidad de la miel en la alimentación, sin augmentar apenas el azúcar en sangre ni los niveles de insulina, debido al alto nivel de glucógeno proporcionado. Ningún otro alimento produce más glucógeno por gramo como la miel.

Según el tipo de miel, puede variar tanto su contenido nutricional como los beneficios que aporta, y, por tanto, a la hora de elegir el tipo de variedad que debemos consumir debemos recibir cierta información sobre la procedencia de la miel y de los otros ingredientes que la acompañan.

Conocemos los productos que ofrecemos en nuestras páginas web, y por el mismo motivo ofrecemos a nuestros clientes una descripción de ellos con la que podrán informarse sobre sus ingredientes, efecto, y beneficios.

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